La
presencia de los religiosos franciscanos en Guatemala se remonta a 1525.
En 1530 tenían un humilde monasterio de 5 frailes en Ciudad Vieja,
mientras que la nueva capital el monasterio llego a albergar a 80
religiosos.
Hacia finales e 1600, este abarcaba una gran extensión, contando con
todas las dependencias propias de un monasterio principal, incluyendo
enfermería, clínicas y sobre todo muchas facilidades para los
estudios.
Su
biblioteca fue una de las mas completas de la época, tenía una
imprenta muy productiva la segunda que se estableció en Santiago, y
fundaron el Colegio San Buenaventura para los estudios teológicos y
filosóficos.
Del vasto monasterio, destruido en 1773, quedan muchas ruinas, se
conservan aun algunas partes cubiertas de estuco modelado y algunos
vestigios de pintura mural. Su frente se encuentra hoy en día en el
atrio de la Merced.
Aparte
de una capilla que fue restaurada a principios de 1800 para albergar los
restos del hermano Pedro, la iglesia de San Francisco no fue realmente
restaurada sino más bien fue reconstruida, no sin servir duras criticas
de historiadores y arquitectos que defienden la conservación de los
monumentos coloniales en su forma original.
Inaugurada en 1702, su
constructor fue Diego de Porres. Su fachada de columnas salomónicas es
típica del barroco hispanoamericano, contiene dieciséis hornacinas e
igual numero de imágenes modeladas en estuco que originalmente eran
policromadas.
Los retablos de su interior estaban ricamente adornados con pinturas
y esculturas de famosos artistas de la época. Hoy en día aun podemos
apreciar dos de estos retablos originales, los demás han sido traídos
de otras partes.
San Francisco en una de las iglesias mas visitadas del país pues en
ella descansan los restos del Hno. Pedro de Betancur, beatificado en
1980 y muy querido entre los fieles guatemaltecos, quienes llegan a
pedirle favores y milagros.